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Alias "Jorge" le dijo no más a la violencia
Abandonar a los compañeros heridos en combate sin poder hacer nada por ellos, sumado al frío, el hambre, los sentimientos de temor y soledad y los innumerables sufrimientos padecidos al interior de las Farc, llevaron a alias ‘Jorge’ a tomar la decisión de huir en busca de Dios, de las tropas de la Novena Brigada y de una vida tranquila al lado de quienes ama.
La historia del joven guerrillero inició cuando tan solo tenía 17 años, una edad muy utilizada por la estructura armada ilegal para convencer e incorporar a las filas de las Farc el mayor número de adolescentes.

“Me gustaba mucho el trabajo y un día por los lados de Mesitas, en Aipe Huila, conocí un muchacho en una discoteca, él estaba tomando y bailando, cuando de pronto se me acercó y me hizo una serie de preguntas para posteriormente decirme que necesitaban gente que hiciera cierto tipo de trabajos; me leyeron los reglamentos de las Farc con los requisitos por cumplir y me enseñaron el manejo de armas”, recordó alias ‘Jorge’.

Pasaron pocos meses para que alias ‘Jorge’ regresara a las calles convertido en el miliciano encargado de informar cualquier movimiento adelantado por las tropas y de las potenciales víctimas de extorsión y secuestro en los municipios de los departamentos de Huila y Tolima.

“Me pusieron a trabajar como miliciano en la zona de Los Espejos, en el Huila, nos dieron capacitaciones de entrenamiento, de cómo vigilar al enemigo, nos explicaron el manejo de armas, cómo se prestaba guardia y me sacaron a trabajar con la población civil; a que la gente me conociera y finalmente lo que uno hace es quemarse”, relató el hoy desmovilizado.

La vida como miliciano le pareció muy poco para la adrenalina que deseaba sentir, de ahí que se comunicó con el cabecilla del Frente 66 ‘Joselo Lozada’ para que le permitiera hacer parte de las Farc desde el rol de guerrillero.

“Decidí meterme a las filas de las Farc. Los primeros días lo atienden bien a uno, dormía bien y comía bien; pasaron los días y me dieron uniformes, me dieron instrucciones de cómo se hacía un equipo, cómo se portaba el uniforme; el entrenamiento fue en la Esmeralda Alta, en Planadas, Tolima, allí teníamos que correr, meternos al río, mojarnos y acostarnos embarrados y con hambre, porque eso era prepararse sicológicamente”, comentó.

Tras el entrenamiento llegó la práctica y en el marco de los combates, ‘Jorge’ descubrió que al interior de la guerrilla “la vida no vale nada”, de ahí que el ver morir compañeros sin ni siquiera poder auxiliarlos o brindarles una sepultura digna, lo llevaron a recapacitar y a pensar en la opción de huir.

“Se presentaron bastantes enfrentamientos, uno ve compañeros heridos y no los puede ayudar, pues toca dejarlos como un perro tirados y observar como se los comen las aves de rapiña, eso es duro para uno, porque uno piensa que más tarde eso le puede tocar. Los comandantes allá no se ponen a mirar si uno esta enfermo o no esta enfermo, a ellos solo les interesa que se les muestren resultados”, relató el joven desmovilizado.

Pronto el amor tocó su corazón, el que aunado al sentimiento de esclavitud, lo llevaron a pensar que él “no era malo”, simplemente había escogido el camino equivocado y debía aprovechar el mejor momento para salir de él.

“Conocí a una mujer de la cual me enamoré, ella constantemente me decía que porqué no dejaba la guerrilla, pero yo sentía que era muy difícil. Un día ‘Omar el Paisa’ me envío con otro muchacho a realizar acciones de inteligencia a los comerciantes de Neiva y fue cuando se empeoró mi enfermedad de los riñones y sentí que ya no era capaz de seguir con un equipo al hombro persiguiendo pájaros en el aire, y que la guerrilla no era lo mío”, señaló.

Aunque regresó al monte, pasaron pocos días para que el guerrillero de 29 años, aprovechara el mejor momento para tomar el primer bus escalera que pasó por el lugar y huir en busca del amor y la libertad.

“Me enviaron a recoger un presupuesto con otro muchacho, cumplí la misión y le dije al guerrillero que le entregara el dinero a ‘Omar’ que yo luego lo alcanzaba porque tenía que hacer otras diligencias; tan pronto él se fue me lancé por un barranco hasta llegar a la carretera y cogí el bus que me trajo hasta la libertad”, dijo.

Ya libre y sintiendo la necesidad de un apoyo, alias ‘Jorge’ en compañía de su compañera sentimental y su padre, buscó la ayuda del párroco de la iglesia Limonar. Allí y tras ser escuchado por el sacerdote, solicitó la colaboración de las tropas de la Novena Brigada que no dudaron en brindarle todo el apoyo necesario para su formal reincorporación a la vida civil a través del programa de Atención Humanitaria al Desmovilizado.



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