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Reseña ´Histórica
Pretender hacer una evaluación de la historia militar en el Huila, desde el arribo de los españoles, la resistencia de nuestros aborígenes, la participación Opita en el proceso de la Independencia, las luchas intestinas por el poder durante la Provincia de Neiva, el Estado de Cundinamarca, el Estado Soberano del Tolima e incluso entrada la fase de la República la participación huilense en varias guerras, como la del Amazonas y de Corea, resulta un poco dispendiosa, por la falta de suficientes archivos. A pesar de estas limitaciones, nos atendremos a algunos documentos e investigaciones sobre la materia para aproximarnos a la historia del Huila en el campo militar.
La resistencia indígena

El descubrimiento de América por parte de los españoles, su posterior Conquista y Colonia, liderada, no por los más capaces y honrados ibéricos, los llevó a cometer permanentes abusos contra nuestra población nativa, quienes fueron despojados de sus riquezas y sus tierras; los desmanes cometidos contra las mujeres, fueron recurrentes y los asesinatos colectivos era una práctica para someterlos a la esclavitud.

Los indígenas que habitaban, en lo que es hoy en día el Huila, eran personas laboriosas, dedicadas por lo general a la caza, pesca y agricultura. Algunos eran guerreros, especialmente los Timaná, Paéces y los Pijaos, pero los abusos cometidos por los peninsulares, los volvió violentos, para defenderse de la agresión, a la que también se sumaron los Yalcones, Timanáes, Andaquíes y otras tribus más pequeñas.

En ese proceso de exterminio de nuestros aborígenes, no hubo control alguno por parte de la Corona española, ya que sus prioridades estaban fincadas en la obtención del famoso Dorado, en las tierras y la esclavitud.

Según nuestros historiadores, en el Alto Magdalena- el Huila-, la población indígena, a la llegada de los conquistadores en 1537, estaba calculada en 200.000, pero en 1590 estaba reducida a sólo 20.000. En el caso de la Provincia de Timaná, cuando fue colonizada, existían aproximadamente 15.000 nativos, de los cuales, sólo quedaron 600, producto del exterminio a que fueron sometidos por los españoles, así como por las enfermedades traídas por estos, entre ellas: la viruela, el sarampión, rubéola, gripe, paratoditis, malaria, dengue y las venéreas.

Todos estos desmanes de los ibéricos, llevaron a la resistencia militar de nuestra población aborigen. Casos como la Gaitana, Pigoanza y Calarcá, demuestran la valentía y el arrojo de nuestros indígenas para defenderse del agresor: El calor de la lucha y los permanentes combates, fueron mejorando sus conocimientos en el campo militar, para lo cual sólo disponían de flechas, macanas y lanzas, pero su malicia indígena, los llevó en numerosas ocasiones a derrotar a los conquistadores, dejando este legado de conocimientos y experiencias a las nuevas generaciones de patriotas, quienes luego también libraron arduas luchas hasta conseguir nuestra Independencia Nacional.

Los huilenses en la Independencia
El pueblo huilense también tuvo un notorio protagonismo en el proceso y lucha por la Independencia, durante la fase de la Nueva Granada. Fue una de las primeras regiones en levantarse en forma reiterada contra la Corona española. Fue en Neiva, Villavieja, Aipe y Fortalecillas- en el caso del Huila-, donde se registraron las primeras protestas comuneras, por los abusos que se venían cometiendo por el cobro exagerado en los impuestos de tabaco y aguardiente.

Luego de las capitulaciones de Zipaquirá en 1781, producto de la traición a sus comandantes, estos fueron capturados y posteriormente fusilados y sus restos mutilados y sus miembros esparcidos por el territorio de esa región. Algo similar ocurrió años más tarde con el movimiento de la Independencia, el que desencadenó con el Régimen del Terror, implantado por los realistas para la reconquista de la Nueva Granada.

Estos antecedentes de protesta registrados finalizando el siglo XVIII, especialmente en las tierras del hoy departamento de Santander, con el Movimiento Comunero, esa corriente popular se convirtió en la gesta militar y detonante para el levantamiento civil, el que dio origen a nuestra Independencia el 20 de julio de 1810.

Sólo hasta el siete de agosto de 1819, con el triunfo de la Batalla de Boyacá, la cual tuvo grandes repercusiones políticas y militares, para la definición de la Independencia Nacional, frente al mundo colonial hispanoamericano, en relación con la metrópoli española; fue como se consolidó el Ejército Nacional que desde esa fecha, ha sido sustento fundamental de la Nación colombiana. Por esta razón se puede afirmar que la historia del Ejército Nacional, se entrelaza de esta forma, con la historia de la Patria. Superado el siglo XIX, la reforma militar de 1907, llevada a cabo por el Presidente de Colombia, el General Rafael Reyes Prieto- 1904-1909-, es el hito que marcó la profesionalización de las Fuerzas Militares.

La participación de los soldados huilenses en el proceso de la Independencia y posteriormente en la Gran Colombia, demuestra que su lucha fue activa, no sólo en nuestro territorio patrio, sino, que también combatieron al lado de los pueblos del Perú, Venezuela y el Ecuador, en las célebres batallas del Alto y Bajo Palacé, Iscuandé, Calibío, Tasines, Cebollas, Ejidos de Pasto, El Palo, la Cuchilla del Tambo, Juanambú, Bomboná, Pichincha, Junín y Ayacucho, entre otras, tomando parte en la expedición al sur del país, liderada por el coronel Antonio Baraya, quien se movilizaba en apoyo a la Provincia del Cauca, con la participación de soldados voluntarios del Huila, en la que se hizo celebre la solidaridad del abogado y cura del Distrito de La Plata, Andrés Ordoñez Cifuentes, quien incentivó la participación de los indios Páez a favor de la causa patriota y además fabricó unos rústicos cañones con tubos de guadua. La preparación militar de los paéces estuvo a cargo del coronel José Díaz y los resultados fueron altamente positivos.

En 1814 se organizó el Batallón Neiva, integrado en su gran mayoría por voluntarios del Huila, bajo las órdenes del general Antonio Nariño, durante la campaña del sur. La Batalla de Juanambú fue celebre por lo que significó para la lucha libertaria, en la cual, los opitas dieron muestra de pundonor y valentía, para derrotar a los ibéricos. Este mismo batallón posteriormente participó en otras batallas con excelentes resultados.

En la otra batalla registrada en la población de La Plata- paso obligado entre Santafé - Popayán- Quito y Lima, sitio estratégico militar-, suceso registrado el 10 de julio de 1816, nuestros soldados, al mando del Brigadier José Díaz, fueron derrotados por fallas y equivocaciones en tácticas militares. Díaz luego fue conducido a Neiva donde fue fusilado. Una hija de éste- Genoveva- enloqueció de dolor.

El coraje y amor patrio de nuestros soldados libertarios- buena parte de ellos oriundos del Huila-, se reflejó en la Batalla de Chancay- el Alto Perú-, acontecimiento registrado en julio de 1821. Una comisión compuesta por 25 soldados colombianos, al mando de los coroneles José María Tello Salas y Rafael Cuervo, fueron enviados por el Libertador de Chile, José de San Martín, para hacer inteligencia sobre la presencia de los españoles en esas tierras vecinas, ocupadas recientemente por el general San Martín con la toma de la ciudad de Lima. Los patriotas fueron rodeados por 600 soldados realistas, registrándose una encarnizada batalla a orillas del Mar Pacífico. Al quedar sin municiones, 12 fueron acorralados y éstos prefirieron retroceder mar adentro, antes que entregarse y deponer las armas.

El comandante de las tropas españolas al ver el arrojo y coraje de los patriotas, ordenó a sus hombres no matarlos y por el contrario, dio instrucciones para rescatarlos de las aguas. Ante la valentía demostrada por los soldados nuestros, los peninsulares los enviaron nuevamente a Colombia y fueron condecorados con la Medalla “Los Vencidos de Chancay”.

Durante la campaña de 1822, que dio origen a la independencia del Ecuador y Perú, el Batallón Neiva, cambió su nombre por el de Vargas- en honor a los soldados lanceros provenientes del Llano, que libraron con mucha ardentía la Batalla del Pantano de Vargas en Boyacá-, participaron nuevamente en la extenuante Batalla de Bomboná, en la que, el comandante del ejército realista, reconoció el arrojo y pundonor de nuestros soldados, consignado en el siguiente mensaje, enviado al Libertador Simón Bolívar:

“Remito a vuestra excelencia las banderas de los Batallones Vargas y Bogotá. Yo no quiero conservar un trofeo que empaña la gloria de los batallones, de los cuales se puede decir, si fue fácil destruirlos, ha sido imposible vencerlos”.

El Batallón La Guardia fue otra unidad militar, constituida en la fase de la Independencia, en buena parte, integrada por huilenses, quienes nuevamente demostraron el coraje y arrojo del soldado nuestro, en la lucha libertadora.


El historiador y educador Eduardo Unda Losada en su obra: Próceres Huilenses en la Independencia, destacan los rasgos biográficos de más de 140 hombres y mujeres que ofrendaron sus fortunas, tranquilidad y sus vidas por la causa de la libertad. Merece destacarse a los siguientes próceres: el doctor Luis José García; los coroneles Benito Salas, José María López y Manuel Ascencio Tello; el brigadier José Díaz, los señores José Manuel López, José María y Francisco Florez, fusilados en el hoy Parque Santander de Neiva el 18 de septiembre de 1816. Otros fueron desterrados y algunos encarcelados, bajo el régimen de terror del pacificador Pablo Morillo.

El Ejército en la Provincia de Neiva y en los Estados de Cundinamarca y el Tolima
Antes de producirse el Grito de la Independencia el 20 de julio de 1810, el gobierno colonial de la Nueva Granada, había organizado las Provincias de Neiva, La Plata y Timaná.

Al constituirse el 17 de diciembre de 1819 la Gran Colombia, de la cual hicieron parte Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia; la Provincia de Neiva, conformada por las tres Provincias, anteriormente anotadas, entró hacer parte del Estado de Cundinamarca. En esta condición siguió hasta el 3 de septiembre de 1861, en la que entró hacer parte con otras, del Estado Soberano del Tolima, hasta el 29 de abril de 1905, cuando el Presidente de la República, Rafael Reyes Prieto, creó el Departamento del Huila.

Mientras tanto, concluido el proceso de la Independencia Nacional y la disolución de la Gran Colombia, el Ejercito Libertador entró en crisis. De inmediato se inició la lucha por el poder político, entre las corrientes ideológicas, que representaban los generales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Esa disputa por el poder político y militar, se acentuó mucho más con la creación de la Provincia de Neiva y nuestra Nación fue escenario de numerosas guerras civiles, cuyos ejércitos enfrentados, no eran más que montoneras, sin disciplina ni organización, que por lo general seguían las orientaciones y caprichos de los caciques políticos de turno, por tratar de imponer sus ideas partidistas y detentar el poder.

La presencia de las tropas regulares en la ciudad, durante la fase de la Provincia de Neiva, obedecía fundamentalmente a razones de tipo táctico y para salvaguardar el orden público, amenazado por permanentes levantamientos militares, auspiciados por pronunciamientos de líderes o movimientos políticos inconformes con el régimen de turno.

En noviembre de 1867, durante el régimen Federal se estableció en Neiva, el Batallón de Infantería Rifles de Bomboná Nº 2, bajo el comando del Teniente Coronel Manuel Gómez. En agosto de 1888 el Batallón Rifles fue reemplazado por el Batallón de Ingenieros Bárbula Nº 15, bajo el comando del Capitán Pedro Forero, relevado en marzo de 1889 por el Capitán Julio Afanador. En noviembre de 1891 arribó a Neiva la primera compañía del Batallón Sucre Nº 11, con una columna de ingenieros, al mando del Capitán Simón Chacón, quienes permanecieron en Neiva, hasta noviembre de 1894.

Igualmente por poco tiempo, permaneció en Neiva, el Batallón de Infantería Caro Nº 21, al mando del Capitán José M. Rosillo y luego el Capitán Luis M. Ramos. La unidad militar permaneció acantonada en la ciudad desde julio de 1895, hasta diciembre del año siguiente.

Con motivo del comienzo de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), se observó una permanente movilización militar en toda la región del antiguo Estado Soberano del Tolima, bien sea para defender los gobiernos radicales o los conservadores, registrándose numerosas batallas, especialmente en el sur del Tolima (Huila), dejando una estela de muertos, heridos, huérfanos y viudas.

El Huila quedó en total pobreza, aumentó sustancialmente la miseria, el desempleo, se paralizaron por muchos años las obras de progreso en todos los campos, especialmente en la salud, educación y obras públicas en general. Esa fue una mala experiencia para todos los habitantes del Huila, puesto que toda guerra sólo deja pobreza y miseria.

Pasaron muchos años y con el apoyo de la Iglesia Católica, se reanudó el progreso en nuestra región
Dentro de los protagonistas de estas aventuras guerreras, se destacan los dirigentes Tulio Varón, Avelino Rosas, Ramón Marín, Cesáreo Pulido, David Tobar, Vicente Carrera, entre los revolucionarios, y Nicolás Perdomo, Toribio y Olegario Rivera, Asisclo Molano, Ignacio Silva, Pedro Nel Ospina, Juan Nepomuceno Lozano B, Ulpiano del Rosario Manrique, Celso Noé Quintero, entre los defensores del gobierno constitucional.

Dentro de las batallas más sonadas fueron las de Cogotes (Club Campestre de Neiva), Matamundo (Neiva), Cachaya y Los Llanos (Gigante), Santa María, Pitalito, San Agustín y en Puerto Lanza (Baraya).

El fortalecimiento del Ejército en el Huila
La permanente inestabilidad política en la conducción de la Nación, le trajo muchos problemas al Ejército, ya que los líderes políticos de turno, pretendían colocarlo a su servicio personal o de grupo. Ello generó una permanente pérdida de credibilidad y la institución convertida en una montonera de coyunturas políticas y era vista como una aliada de los gobernantes de turno.

A pesar de los ingentes esfuerzos que hicieron, reconocidos líderes políticos del país, finalizando el siglo XIX, por crear un verdadero Ejército profesional, independiente de las ataduras políticas de turno; campaña liderada, especialmente por Tomás Cipriano de Mosquera, Rafael Núñez, Carlos Olguín y don Miguel Antonio Caro, no fue posible conseguir este propósito.

Sólo hasta 1907, siendo Presidente de Colombia, el General Rafael Reyes Prieto, expidió el Decreto 564, reformando militarmente el país, en cuatro zonas militares y se dictaron otras disposiciones, que dieron origen a la creación de la Escuela Militar de Cadetes, bajo la orientación de una comisión chilena. Esa reforma militar que introdujo en el Gobierno Nacional, permitió la profesionalización de las Fuerzas Militares.

La Gendarmería
De acuerdo con esas mismas facultades, conferidas por el Gobierno del General Reyes, el Gobernador del Huila, - el General Ulpiano Evaristo del Rosario Manrique Huergo - nativo de Baraya - Huila-, expidió el Decreto No 199 del 28 de julio 1909, por medio de la cual se reorganizó la Media Compañía Suelta para Guarnición o Gendarmería Departamental. De conformidad con este Decreto, se determinó que el personal de guarnición estaría conformado por un Capitán, un Teniente, un sargento 1º, dos sargentos 2º, un corneta, un tambor, dos cabos y 41 soldados. Como Capitán fue nombrado José de Jesús Romero. Se desconocen más detalles del funcionamiento de esta compañía.

De enero de 1912 a febrero de 1914, la guarnición la conformaba un cuerpo especial de militares, bajo el Comando del General Gregorio Duarte. Su misión pareció guardar relación con uno de los tantos intentos por apoyar la colonización de la extensa región fronteriza con el Ecuador, entonces hasta el río Napo, Perú y el Brasil, bajo la tutela de las Fuerzas Armadas de nuestro país.

Terminada la Primera Guerra Mundial y durante la administración de don Marco Fidel Suárez (1918-1921) fue fundado en Neiva en 1919, el Batallón de Tren Caicedo No 3, el cual dependía de la Sexta Brigada con sede Popayán, bajo el mando del Teniente Coronel Milciades García, a quien le cabe el honor de ser el fundador de la Guarnición de Neiva en forma permanente.

Con el Coronel García vinieron a Neiva, el Capitán Miguel Monzón y el doctor Rafael Luque Guevara, oficial de Sanidad, quien se casó en esta ciudad con doña Elvira Ángel Santacoloma y fue más tarde director del Hospital San Miguel donde se distinguió por su caridad y dedicación. El primer recluta de la guarnición, fue don Jesús Antonio Rivera Gutiérrez, quien luego fue ascendido a cabo, al igual que el segundo recluta, don Rómulo Barcias.

Entre los comandantes del Caicedo se recuerda al Teniente Coronel, Gregorio Duarte, quien ejerció el cargo, entre octubre de 1920 a junio de 1921; el Teniente Coronel, Francisco López Mojica, hasta noviembre de 1921; y el Teniente Coronel Arístides Heredia a partir de 1922. Funcionó el Batallón Caycedo en Neiva, hasta el mes de octubre de 1923, siendo trasladado y en su reemplazo el Gobierno creó el Grupo de Caballería No 2 Cabal, adscrito al Batallón Caycedo.

El Casino de Oficiales del Grupo Cabal, y más tarde del Batallón Bárbula, fue activo centro social de la sociedad neivana, que recuerda todavía a los Coroneles Maldonado y Bernal, así como a los oficiales Villamizar y Ospina, este último padre del General Ospina Navia.

Comandaron aquí el Grupo Cabal, el Coronel Leovigildo Maldonado- octubre de 1923 a octubre de 1924 - y el mayor Luis F. Bernal - noviembre de 1924 a noviembre de 1929-, lapso en el cual este fue ascendido a Teniente Coronel.

Siendo comandante el Teniente Coronel Bernal y segundo comandante el Mayor Roberto Mejía Dussán, llegó la orden de traslado del Grupo a la Guarnición Fronteriza de Ipiales, junto con el Batallón de Caballería acantonado en Santander de Quilichao, dependiente de aquel. La instrucción llegó el 1º de noviembre de 1929 y terminó de cumplirse el 2 de enero de 1930, cuando salieron de Neiva los últimos efectivos al mando del Capitán José Miguel Silva Plazas, siendo uno de sus acompañantes el Cabo 1º Rafael Olaya Charry.

En enero de 1930 fue creado el glorioso Batallón de Infantería No 13 Bárbula, bajo la comandancia del Teniente Coronel, Obdulio Ahumada. Este Batallón, incluidas sus reservas, fue trasladado para atender el Conflicto con la vecina república del Perú en 1932 y 1933. Este batallón se cubrió de gloria, incluido nuestro héroe, Cándido Leguízamo.

A partir de 1932 el Batallón Bárbula ya había cambiado su numeración, por el 17, el que conservó hasta junio de 1935, cuando fue trasladado al Departamento de Boyacá. Hasta este año fue oficial de Sanidad el doctor Rafael Luque Guevara, fundador de esta modalidad en el Huila.

Entre los comandantes de este Batallón figuraron los siguientes: el Teniente Coronel Obdulio Ahumana -diciembre de 1929 a diciembre de 1931-; el Teniente Coronel Carlos Buitrago- enero a mayo 1932-, Antonio Tamayo- junio a diciembre de 1932-, el Mayor Carlos Vanegas M.- enero de 1933 a octubre de 1934-, habiéndole correspondido organizar el Batallón de Voluntarios para participar en la batalla de la frontera con el Ecuador; el mayor César Tiberio Reyes- noviembre de 1934 a abril de 1935-.

Para reemplazar el Batallón de Infantería No 17 Bárbula, fue trasladado de Madrid (Cundinamarca) el Batallón de Ingenieros Caldas No 1, el que llegó a su nueva guarnición el 16 de junio de 1935. Fueron comandantes del Caldas, el Mayor Miguel Sanjuán -hasta diciembre de 1935-, el Mayor Julio Londoño L.- enero a julio de 1936-, quien se casó con una reconocida dama neivana; el Teniente Coronel Miguel Sanjuán recién ascendido- agosto de 1936 a diciembre de 1937-; y el Mayor Antonio María Rodríguez en los primeros dos meses de 1938.

Por necesidades de servicio se establecieron algunas modificaciones en el Ejército y al Batallón Caldas se le cambió el nombre, por el Batallón de Ingenieros Garavito N°6 y luego en diciembre de 1937, el Caldas nuevamente fue activado en la ciudad de Socorro- Santander-, siendo designado comandante el Mayor Adriano Urrego Rosas, hasta diciembre de 1938.

Mientras estos cambios se operaban en la capital huilense, la ciudad de Garzón vivía la satisfacción por la creación del Grupo de Artillería Berbeo, creado por Decreto Presidencial, expedido en octubre de 1936, siendo designado comandante el 1º de noviembre de ese año, el Coronel Rafael Sánchez Amaya.

El 23 del siguiente mes, el Grupo fue conformado por 16 oficiales y 183 reclutas, más los suboficiales y empleados civiles. Sin embargo, por las necesidades tácticas la unidad militar se estableció en la población de Gigante. El 17 de abril de 1937 los campos giganteños retumbaron con los primeros disparos de artillería.

En 1941 fue suprimido el Batallón Garavito, y el Grupo Berbeo fue trasladado a mediados de ese año, a las antiguas instalaciones del Ejército en Neiva, hoy sobre la carrera quinta con la quebrada La Toma- ya que el desarrollo urbanístico de la ciudad, suprimió la denominación del Camellón de las Delicias-. El Grupo Berbeo, lo dirigió el Mayor Aníbal Galindo, con la preparación de soldados y de centro social.
En Neiva, el Batallón comprendió la importancia de servir como sede a una guarnición militar y por ello, en julio de 1948, después de intensos esfuerzos de la comunidad, el Concejo Municipal de Neiva, le adjudicó más de 10 hectáreas, en los llanos de Avichente, en la zona conocida como El Altico, aprovechando la rivera del río Las Ceibas, para que se construyera la sede de la guarnición militar.
Allí fueron construidas las modernas instalaciones y el traslado a su nueva sede definitiva se produjo en el mes de agosto de ese año. El 1º. de enero de 1949 le fue cambiado el nombre de Berbeo por el de Tenerife, en homenaje a una población de la Costa Atlántica, en la que el Teniente Coronel, Hermógenes Maza acabó con los restos del ejército español, derrotado el 27 de junio de 1820.

El Tenerife quedó como unidad orgánica de la Sexta Brigada con sede en Popayán. Finalmente, en enero de 1953 por disposición del Ministerio de Guerra, fue cambiada la denominación de grupo de artillería, por el de Batallón de Artillería No 6 Tenerife.

Papel de singular importancia ha desempeñado el Batallón Tenerife a partir del 28 de febrero de 1951, en la conservación del orden público en el Huila, cumpliendo misiones de patrullaje y puestos militares en muy diversos lugares del Departamento.
Las urgencias del servicio determinaron que en 1963 el Batallón se convirtiera en una unidad especial, pues se le agregó una Compañía de Infantería indispensable para sus operaciones de contraguerrillas.

En esta perspectiva histórica, en la cual Colombia inició la preparación y celebración del II Centenario de vida independiente, el Ejército Nacional, como se afirmó anteriormente, representa la Patria misma, se prepara y difunde su historia institucional, para que se llegue a esa conmemoración, demostrando el mayor nivel posible, como una de las instituciones más sólidas y representativas de la Nación.

Nuevas exigencias doctrinales, estratégicas y de organización, se plantea el Ejército Nacional de cara al siglo XXI. Diversas modalidades del crimen y el terrorismo, han impuesto la preparación y capacitación necesarias, que permitan mayores fortalezas a las Fuerzas Militares para enfrentar a sus nuevos enemigos, como son los narcoterroristas, el narcotráfico, la delincuencia común, incluso la misma amenaza externa, para continuar como garante constitucional.

Gobernadores militares del Huila
Al llegar a la Presidencia de la República, el entonces Teniente General Gustavo Rojas Pinilla- 1953- 1958-, designó a varios militares de alto rango como Gobernadores del Huila, buscando con ello tranquilizar y recobrar la confianza de la comunidad, ante la ola de violencia que sacudía en ese momento al país, producto de la confrontación entre los partidos tradicionales. En consecuencia fueron nombrados cuatro militares como Gobernadores del Departamento, para lo cual hacemos el siguiente balance de su gestión:

Ezequiel Palacios. El Coronel del Ejército, inició la llegada de los militares a la Gobernación del Huila. Se posesionó el 21 de septiembre de 1953 y se mantuvo en el cargo, hasta el 21 agosto de 1954.

Gilberto Montoya Gaviria. El Coronel del Ejército, asumió el cargo de Gobernador del Departamento el 24 de agosto de 1954, hasta el 2 de febrero de 1957. Se destacó por su ánimo emprendedor, siendo un eficiente mandatario, quien a pesar de su vocación militar, puso en marcha un efectivo programa de gobierno, el cual le mereció muchos reconocimientos. Dentro de sus realizaciones se destacan las siguientes:
Compró maquinaria pesada para la construcción y conservación de las carreteras departamentales y rurales, las que se encontraban totalmente destruidas y abandonadas, como consecuencia de la violencia.

Igualmente constituyó una Sociedad Anónima, denominada Irrigaciones y Parcelaciones del Huila, para impulsar programas de construcción de distritos de riego, a fin de incorporar numerosas extensiones de tierra improductivas, con el objeto de generar empleos e incentivar la producción agropecuaria; además con los recursos de ese mismo fondo, auspició el proceso de distribución de la tierra, mediante la compra de predios, para el montaje de pequeñas parcelas.

Fundó un Fondo Rotatorio, para la compra y fomento ganadero, para favorecer a los pequeños y medianos campesinos, incluyendo la importación de ganado reproductor, para mejorar la calidad de las razas pecuarias. Así mismo asignó importantes recursos presupuestales para formulación de proyectos, orientados para la construcción de planes de viviendas, destinados a los maestros de la región, muchos de los cuales salieron favorecidos con este programa.

Es de resaltar que el Coronel Montoya Gaviria, fue el autor del Decreto Nº 193, de 1955, por medio del cual constituyó el Fondo Ganadero del Huila, del cual todos los municipios quedaron obligados a suscribir acciones. La entidad se constituyó en su momento en un apoyo para los ganaderos, puesto que la entidad les entregaba ganado al mayor valor. El Fondo tuvo un extraordinario repunte en la actividad del sector, constituyéndose en las décadas del 80 y 90 del siglo pasado, como el Fondo Ganadero más activo e importante del país, al cual las narcoguerrillas de las Farc, hace algunos años, le robaron más de 30 mil cabezas de ganado en el departamento del Caquetá.
También es importante reseñar que el Coronel Montoya Gaviria, instruyó a todos los alcaldes, incluidos los militares, sobre la imperiosa necesidad de construir en cada una de las poblaciones del Huila, los parques principales, para mejorar la estética urbana y que sirviera de fundamento para el desarrollo urbanístico de cada localidad.
Estas obras fueron financiadas con las multas que se le aplicaban a los borrachos y personas que promovieran riñas callejeras o que cometieran delitos menores. Para recobrar la libertad las personas debían aportar bultos de cemento o arena y así se ejecutaron los trabajos. Así fueron construidos o mejorados los parques principales de la mayoría de los municipios del departamento, entre ellos los de Algeciras, Baraya, Yaguará, Aipe, Gigante.

Jairo Lozano Bahamón. El Coronel del Ejército asumió el cargo como Gobernador del Huila, el 2 de febrero de 1957 y su gestión se prolongó hasta el 29 de mayo del mismo año. Es decir, ejerció el cargo, sólo por tres meses. Su escasa permanencia en sus funciones como mandatario regional, no le permitió mostrar un balance positivo de su gestión.

Oscar Arce Herrera. Este fue último jefe civil y militar. El Coronel de la Infantería de la Marina, ejerció el cargo desde el 29 de mayo de 1957, hasta el 13 de septiembre de 1958. Es de anotar que en su administración se reformó el Escudo de Armas del Departamento, mediante el Decreto N°468, de septiembre 12 de 1957 y volvió a crear un organismo que atendiera la irrigación de las tierras aptas para la agricultura mecanizada.
Construyó una escuela en el Barrio Los Mártires de la ciudad de Neiva. Dentro de su nómina de colaboradores contó con la participación de personajes reconocidos luego en el Huila, entre ellos: Felio Andrade Manrique- Ministro de Justicia-, Rómulo Perdomo B., Rómulo González Trujillo- Ministro de Justicia- y José Domingo Liévano- Gobernador del Huila-.

Las sedes militares en Neiva
Los primeros batallones que operaron en el siglo pasado en Neiva, tuvieron la dificultad para su funcionamiento por la falta de sede. A pesar de ello algunos gobernadores y alcaldes colaboraron para solucionar esta limitación.
En consecuencia el primer Batallón Tren Caicedo fue creado en Neiva en 1909 y se instaló en la parte interior de la Casa Municipal, situada hoy donde se encuentra el edificio de Telecom- carrera quinta, entre calles novena y décima-. Esta unidad militar, tuvo su sede allí, hasta el mes de octubre de 1923 cuando fue creado, el Grupo de Caballería No 2 Cabal- dependiente del Batallón Caycedo-, el cual fue ubicado en las amplias instalaciones del Camellón de las Delicias, en el sitió donde luego operó el Distrito 11 de Carreteras Nacionales, sobre la carrera quinta, contiguo a la quebrada La Toma en Neiva.
En 1941 fue suprimido el Batallón Garavito, y el Grupo Berbeo, al mando del Mayor Aníbal Galindo, que estaba acantonado en la población de Gigante, fue trasladado a Neiva, siendo alojado en las mismas instalaciones del Camellón de las Delicias.
Años después, producto del desarrollo urbanístico de Neiva, se le suprimió esta denominación a este predio y se le asignó su propia nomenclatura, sobre la carrera, entre calles 18 y 19 de Neiva.

El Batallón Berbeo fue cobrando importancia en la sociedad neivana y huilense, razón por la cual se determinó apropiar los recursos, para construir a mediados de la década del 40 del siglo pasado, su propio cuartel localizado en el sector de El Altico en la capital del departamento.

El primero de abril de 1967, el Comando General del Ejército creó la Fuerza de Tarea Pantera N°9, con sede en Neiva, para atender el orden público en las regiones del Huila, Caquetá y los municipios de Inzá y Belalcázar en el Cauca.

Esta Unidad Militar, estaba integrada por el Batallón de Artillería No 6 Tenerife, los Batallones de Infantería No 16 Juanambú, No 1 Colombia y No 9 Boyacá, más una compañía del Batallón Vargas y las compañías de contraguerrillas Cobra, Leopardo y Puma, bajo el comando del Coronel José Gonzalo Forero Delgadillo.

En el local que hoy ocupa la casa episcopal- casa del Obispo de Neiva- calle 8ª No 7- 64-, inició labores la Fuerza de Tarea, el primero de mayo de 1967.
La necesidad de ampliar las edificaciones y adecuarlas a las exigencias de la vida moderna hicieron que el Concejo de Neiva, a instancias de los señores Oliverio Lara Borrero y Félix Trujillo Falla- reconocidos empresarios del Huila-, cedió a la Nación, 80 hectáreas de sus ejidos en el llano de Avichente, para la construcción de sus confortables cuarteles militares.

La ciudadanía se unió al noble propósito prestando su ayuda por medio de mingas, ejemplo de solidaridad humana. Además contó con acueducto propio, ya que se sacó una derivación de la planta del acueducto municipal, cercano a la guarnición militar.

Soldados huilenses en el Conflicto Amazónico
El primero de septiembre de 1932, un grupo de civiles y militares de la vecina república del Perú, invadió el puerto de Leticia y tomaron preso al intendente del Amazonas, Alfredo Villamil Fajardo. En esa ocasión las fuerzas invasoras se apoderaron de una amplia franja de los departamentos del Amazonas y Putumayo.

De inmediato, el Presidente de la República, Enrique Olaya Herrera –1930- 1934-, llamó al General Vázquez Cobo, para que dirigiera el Ejército colombiano y enfrentara al agresor. Después de varias batallas, el país recuperó las tierras invadidas, para lo cual se firmó el 18 de marzo de 1934, el Protocolo de Río de Janeiro en el Brasil.

En el caso del Huila el Gobierno Departamental, presidido por Santiago Sánchez Soto, expidió el Decreto N° 198, de septiembre 21 de 1932 y conformó la Junta Patriótica Departamental, integrada por el presbítero Pedro José Ramírez, Omar Santacoloma Manrique, Félix Durán Charry, entre otros, para que se convirtiera en punto de apoyo de la sociedad civil. Adicionalmente estaba encargada de reclutar soldados voluntarios, recaudar aportes económicos para financiar la guerra y fundó el periódico El Amazonas, órgano de expresión del conflicto.

A su vez en cada uno de los 37 municipios del departamento, se conformaron las Juntas Patrióticas y numerosos hombres huilenses se enrolaron en las filas del Ejército colombiano. Por su parte muchos hacendados donaron animales o dinero, mientras que las mujeres aportaron sus anillos, argollas de matrimonio, cadenas y demás joyas personales. Muchos empleados autorizaron al Gobierno, para que les descontaren varios días de su sueldo. Los opitas en un alto porcentaje contribuyeron con el apoyo al Gobierno en el Conflicto con el Perú.

De inmediato el Gobierno Nacional determinó enviar a la zona del conflicto la primera avanzada militar, para lo cual le asignó esta responsabilidad al Batallón Bárbula, con sede en la ciudad de Neiva. Por su ubicación geográfica el departamento del Huila desempeñó un papel de primer orden durante el Conflicto. De una parte, uno de los ejes de aproximación de las tropas colombianas hacia el teatro de operaciones del sur, era la línea Bogotá- Villavieja por vía férrea, obra recién terminada.

El desplazamiento de Villavieja –Neiva- Garzón, se hizo en camiones. De allí a Altamira y Guadalupe, se hizo a pié. Mientras tanto el Gobierno Nacional envió a un centenar de mamposteros y maestros de obra, para mejorar las condiciones de la trocha abierta un siglo atrás por los quineros, quienes habían fundado el caserío La Perdiz- Florencia-.

Luego las tropas se desplazaron a Venecia y allí se abastecieron y embarcaron las tropas en lanchones y balsas, aguas abajo por los ríos Orteguaza y Caquetá hasta el caserío la Tagua, y de allí por trocha en la selva hasta Caucayá- hoy Puerto Leguízamo-, sobre el río Putumayo. Otra vía rápida para el desplazamiento de la tropa al Caquetá, fue el camino de herradura, construido por el Gobierno Nacional, a comienzos del siglo pasado y que comunicaba a Algeciras- Santana Ramos y Guacamayas.

En Garzón se instaló un pequeño hospital de campaña. Neiva y Gigante oficiaron como centros de alistamiento. Precisamente por esta característica de localización, buena parte de los hombres que conformaron las unidades que marcharon al frente de la guerra eran huilenses.

Es justo destacar los nombres de tres valientes soldados opitas, que representaron a centenares de héroes, que dejaron en la inmensidad de las selvas sus sufrimientos y aún su propia vida. El soldado Cándido Leguízamo Bonilla quien nació el 13 de octubre de 1911 en la vereda Las Ceibas en el municipio de Neiva, en un hogar campesino, prestó su servicio militar en el Batallón Bárbula, siendo destinado a la Compañía de Colonización en Caucayá.

Al organizarse el Destacamento Putumayo y formando parte del Batallón de Infantería No 19 Huila, pasó a integrar el puesto de El Encanto y el 29 de enero de 1933, con dos soldados más, pertenecientes al puesto de Pubenza, recibió una misión de reconocimiento. El grupo cruzó el río Putumayo, desembarcó en territorio peruano, siendo sorprendidos por un pelotón de treinta soldados peruanos que les exigió rendición. Leguízamo reaccionó con su arma y al cruce de los primeros disparos cayó muerto su compañero Octavio Moreno.
En forma arrojada, Cándido Leguízamo continuó disparando, permitiendo que su otro compañero, Tobías Cárdenas, con una leve herida pudiera ganar la orilla colombiana, ante el intenso volumen de fuego. Leguízamo minutos más tarde, resultó herido en un hombro y más de diez impactos le destrozaron uno de sus muslos. Así se arrastró penosamente y cuando ya había disparado toda la munición, llegó hasta la canoa y bajo la protección del fuego propio desde la otra orilla, logró evitar su captura y reunirse con los suyos. De este encuentro cinco enemigos fueron muertos y un numero indeterminado de heridos.

Con estas graves heridas, Cándido Leguízamo fue trasladado a Caucayá, donde se le hicieron las primeras curaciones, pero ante la crítica condición de salud en que se encontraba, se preparó su evacuación por hidroavión al interior del país; según relata el Mayor Boy. Cuando se le informó a Leguízamo, que iba ser evacuado respondió: “No, yo no puedo abandonar a mis compañeros, yo no puedo dejar a mi teniente”. Y enseguida solicitó un fusil.
Inicialmente fue trasladado a Neiva, pero al agravarse fue remitido el 5 de abril a Bogotá, siendo atendido en el Hospital San José, por los doctores Lisandro Leiva y Miguel Antonio Rueda, quienes hicieron lo imposible para salvarlo, pero cuando el soldado huilense se dio cuenta, que el final era inminente, le pidió a sus compañeros y a la enfermera, que lo levantaran, porque quería morir de pie, porque “así mueren los vencedores” y el 12 de abril de 1933, a las dos de la tarde, falleció éste insigne héroe opita.


El soldado Sósimo Suárez, oriundo de Gigante fue uno de los cinco bravos que ofrendaron sus vidas en el ataque peruano en Guepi, cuando desembarcaba bajo un devastador fuego de ametralladoras, cuyo emplazamiento, fue finalmente bloqueado con su cuerpo por el héroe nariñense Juan Bautista Solarte Obando.

Finalmente es importante rescatar del olvido de la historia a Manuel Salvador Ico natural de La Plata, quien como colono en Leticia se negó a colaborar con el invasor y exiliado en el Brasil rindió testimonio de la flagrante violación del Derecho Internacional por el Perú y más tarde se alistó en un batallón como soldado para marchar al sur donde terminó su vida devorado por la espesa manigua.

La sangre huilense en Corea
El 25 de junio de 1950 tropas del Estado comunista de Corea del Norte en forma aleve y traicionera invadió la república de Corea del Sur, con el apoyo de otros estados comunistas. La organización de las Naciones Unidas hizo entonces un dramático llamado, para que el mundo libre acudiera en auxilio de la joven república asiática.

Fue así, como Colombia junto a los Estados Unidos y otros países del mundo, acudieron al pedido de la ONU, ofreciendo nuestra Nación el concurso de una unidad naval- la fragata Almirante Padilla y posteriormente la Capitán Tono-, y un Batallón de Infantería, creándose para este propósito el Batallón Colombia No 1, con soldados voluntarios.

Como comandante de este Batallón fue designado el Teniente Coronel, el huilense Jaime Polanía Puyo, y el 16 d junio de 1951 tras 25 días de viaje en el barco de transporte estadinense Aiken Victory llegó al Puerto de Pusan, en la invadida Corea del Sur y durante los tres largos años que permaneció en esos lejanos confines, el Batallón Colombia se cubrió de gloria en memorables acciones de heroísmo y valor, en las cuales el soldado huilense demostró una vez mas su coraje y destreza, regando con su sangre generosa, una tierra que si bien era ajena a nuestra idiosincrasia, se identificaba con los propósitos de la defensa de la libertad y democracia mundial.

Basta recordar que el propio Comandante del Batallón, el Teniente Coronel Polanía Puyo, fue herido junto a su ordenanza, el también huilense, soldado José Hilario Patacón, cuando en la ofensiva contra Kumsong, el 20 de octubre de 1951, una ráfaga de ametralladora barrio la cresta desde donde se hallaba dirigiendo a sus hombres.

El Coronel Polanía desde la camilla donde era transportado para su evacuación, emitió por el radio de campaña, una importante arenga, señalando como objetivo de honor de su Batallón, la toma de Kumsong. Esta arenga fue como un latigazo que renovó el ímpetu del ataque, ocupando finalmente el Batallón Colombia, los objetivos el día siguiente.
Por su parte el municipio de Algeciras también participó en la Guerra de Corea, con los soldados Leonidas Trujillo, Jairo Solano, Rubén Alvarez y Clodomiro Zambrano.

El 10 de marzo de 1952, en la Operación Bárbula para la toma del cerro 180, el subteniente huilense Luis Alberto Andrade Anaya, -quien llegó al grado de Mayor General-, fue igualmente herido en el duro combate que dejó 11 muertos y 43 heridos propios y más de 50 muertos y 100 heridos en el bando enemigo.
Esta acción, así como sus singulares dotes militares, fue puesta de manifiesto, en la conducción del Batallón en las operaciones militares, la que, le valieron, entre otras condecoraciones, la Legión del Mérito Estadinense y la Cruz de Hierro, creada por el Gobierno Nacional, para resaltar los servicios distinguidos y el valor excepcional en esa guerra internacional.

En fin, serían interminables los relatos, de todas y cada una de las acciones en donde brilló la valentía del soldado colombiano, particularmente el huilense.
Otros militares huilenses que también lucharon con mucho fervor en la guerra de Corea, fueron el médico, enviado con el grado de Coronel, Tirso Mayor Rojas, hijo de Fernando Mayor y Emilia Rojas, todos oriundos de la inspección de San Alfonso en el municipio de Villavieja.

El oficial regresó de Europa y murió atropellado por un carro en la isla de Puerto Rico. Igualmente también tomaron parte, Alirio Lozano Pacheco, Jorge Sánchez y Rómulo Olaya, todos nativos de San Alfonso. Por el municipio de Baraya, así mismo tomaron parte activa el Capitán Alberto Lozano Lara y los soldados Querubín García y Manuel Calderón.
Uno de estos reconocimientos lo hizo el General Blackshear Bryan, comandante de la 24 División de los Estados Unidos: “He combatido en tres guerras, he comandado y visto luchar los mejores soldados del mundo. Pensé que nada me restaba por ver en el campo del heroísmo y la intrepidez humana, pero viendo combatir al Batallón Colombia, he presenciado lo más grande, lo más soberbio de mi vida”.

Anecdotario militar:
Las actividades militares siempre han estado atadas al discurrir de las comunidades y por lo general participa en sus labores, en apoyo de eventos sociales, deportivos, culturales y comunitarios, entre otros. Por ello los militares no han estado al margen del anecdotario de la historia del pueblo huilense.

El embajador de la India

Al hablar del Batallón Tenerife llega a la memoria el suceso del “embajador de la India”, aquel simpático personaje seminarista de Garzón, que mantuvo incógnita su verdadera identidad ante todo un pueblo, para hacerse merecedor de los más altos honores, y agasajos de sus autoridades y la sociedad Opita cayó rendida ante este personaje.

Aún se recuerda con gran nostalgia al entonces Comandante encargado del Batallón Tenerife, Mayor José María Rivas (Pepe Rivas), quien esforzándose por homenajearlo con todo el rigor de la etiqueta que impone tan alta dignidad, le ofreció esplendorosa fiesta en el Casino de Oficiales de la unidad militar. Lo propio ocurrió con el Gobernador del Huila, el Alcalde de Neiva y en general con la sociedad Opita.

El detenido...
También se recuerda el famoso episodio registrado, cuando el Comandante del Batallón Tenerife, Coronel Luis Eduardo Roca, retuvo al médico y compositor de las Américas, Jorge Villamil Cordovez quien viajaba a su hacienda El Cedral, localizada en jurisdicción del municipio de Tello, a entregar el rescate del Cónsul de Bélgica señor Leuphin, secuestrado por las FARC y que generó la intervención del Gobierno central.
Estos dos hechos el maestro Villamil los inmortalizo en sendas canciones: El primero lo llamó el Embajador de la India y el segundo El Barcino. Además de las dos composiciones musicales también se filmó una película sobre el tema “El Embajador de la India”, la cual narra los episodios más relevantes de esta historia, llena de mucho humor picaresco, en la que se ridiculiza a la sociedad neivana y a sus autoridades por semejante inocentada.

La soldado Sildana...
Sildanita como cariñosamente la recuerdan las personas que la conocieron, era simplemente una mujer que decidió dedicar su vida al bienestar, al alivio de los soldados y de la comunidad en general. Sildana Díaz Mancilla, esta virtuosa mujer, es talvez el personaje que a través de los tiempos, más ha marcado la historia del Batallón Tenerife en el siglo pasado.
Nació en Curití -Santander- el 26 de diciembre de 1905 y murió en la ciudad de Neiva el 2 de enero de 1983. Fue experta en el trabajo con cabuya como tejedora y vivió además de su pueblo en Ibagué, Armenia, Cali y Sevilla hasta finales de diciembre de 1948, fecha en la que fue traída a Neiva por su hijo Luis Paulino Díaz.
En alguna ocasión en el Cementerio Central de Neiva observando el abandono de las tumbas y particularmente la de algunos soldados no oriundos de Neiva, le pidió al comandante de la unidad militar de aquella época, que le diera un sitio en el Batallón para poder enterrar a los soldados que ninguno de sus parientes reclamaba, petición, que desde luego, fue aceptada, eligiendo ella para tal efecto, las ruinas del antiguo acueducto municipal, que por sus imponentes arcadas, pasa por la parte nor-oriental del Tenerife, siendo el lugar perfecto para sus propósitos.
Sildana de inmediato se puso el uniforme caqui, que usaba el Ejército en esa época y con entusiasmo reconstruyó el muro de piedras que delimita el campo santo, de manera que poco a poco fue creciendo, convirtiéndose en el Cementerio Militar ‘Mayor Farid Londoño Calle’, oficial muerto en una emboscada por los bandidos de las Farc en la región de Vegalarga. Igualmente y en forma espontánea, ella decidió portar el uniforme del Ejército Nacional como un soldado más, en tributo póstumo a los soldados, luciéndolo hasta el día de su muerte, acaecida el 2 enero de 1983.
Sildana dedicó el resto de su vida al cuidado de ese cementerio, con tareas adicionales impuestas por su espíritu colaborador, tales como el cuidado del lago de la unidad militar, y de las tortugas y babillas del lago del Parque Santander de Neiva, convirtiéndose no sólo en símbolo del Batallón, sino también de la ciudad que le guarda especial reconocimiento y cariño.
Fue Sildana, la primera mujer soldado de Colombia, como lo reseñara la historiadora barayuna, Margarita Cuellar de Rivera, en el libro publicado en el 2004, en el cual hace sobrados reconocimientos sobre la vida y obra de esta humilde mujer, quien dedicó buena parte de sus sueños a los soldados del Tenerife.
El Sargento Arévalo
Este hombre, recio exponente del soldado colombiano, aunque nació en Linares Nariño, el 29 de diciembre de 1919, es un neivano por adopción. Llegó a Neiva en 1942, como miembro del entonces Grupo de Artillería Berbeo y comandó el grupo Aposentador, que desbrozó la maleza del lugar, donde se construyeron las actuales instalaciones del Batallón Tenerife.

Después de un periplo por las guarniciones militares de Pereira, Leticia y Buga, regresó a Neiva en 1949 retirándose como Sargento y miembro del Ejército. Sin embargo, como él mismo lo afirma, en el Ejército nos enseñan a servirle a la comunidad en el lugar o posición en donde nos encontremos. Fue así, dedicado a la enseñanza de la educación física, fue el formador e instructor de las bandas de guerra de prácticamente de todos los colegios de Neiva y de algunos municipios del Huila, desde la década del 50 hasta el 80, época donde verdaderamente había una sana emulación entre las instituciones docentes por su presentación en desfiles y ceremonias patrias.
Pero su espíritu y vocación de servicio no quedó allí, por el contrario, el Sargento Arévalo siendo uno de los primeros habitantes del barrio Calixto Leiva motivó a la comunidad y a las autoridades para dotarlo de un colegio -que hoy lleva su nombre-, un polideportivo y un jardín para los niños. Fue además, gestor para la conformación de la Asociación Huilense de Suboficiales en Retiro.

Pese a su avanzada edad, el Sargento Arévalo, aún conserva lúcida su memoria, amor y reconocimiento al Ejército, al cual le agradece haberle inculcado el sentimiento de servicio a la sociedad.



La captura de Tirofijo
En 1960 siendo comandante del Batallón Tenerife, el Teniente Coronel Ricardo Charry Solano -Fundador de la Inteligencia Militar del Ejército Colombiano-, asignó al Mayor Carlos H. Gil González, una misión de patrullaje en el área de San Luis, Praga y Órganos, cuando sorpresivamente este vio que una avanzada se aproximaba, ante lo cual ordenó a sus hombres tomar posiciones para el combate.
Pero para su sorpresa, a la cabeza de ese grupo venía Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, quien se rindió sin combatir, solicitándole al Ejército su protección, ya que venía huyendo de la persecución de los hombres de Mariachi- un guerrillero liberal- que lo andaba buscando para matarlo.

El Mayor Gil personalmente trasladó y entregó a Tirofijo al Batallón y posteriormente Tirofijo se acogió a un programa de amnistía ofrecido por el Gobierno Nacional. Luego el Gobierno del Huila lo nombró en el cargo de inspector de carreteras, en la vía que se construía a la región del Carmen, en el proyecto carreteable a Planadas en el Tolima. Tirofijo al poco tiempo abandonó el trabajo y se voló, robándose un cargamento de dinamita, continuando con su triste carrera delictiva y causándole daño al pueblo colombiano.

Patepalo García...
A finales de 1967, estando al frente del Comando del Batallón Tenerife, el Teniente Coronel, Rafael Obdulio Forero Moreno, el soldado Luis Carlos García Salas, hacía parte de una patrulla que perseguía a la cuadrilla del guerrillero conocido con el alias de El Barbado, quien delinquía en el área de la inspección de Vegalarga en Neiva. Establecido el contacto armado con la mencionada cuadrilla, en la refriega y cuando el soldado García se aproximaba sobre el Barbado, sorpresivamente explotó una granada, la cual le amputó una pierna. Una vez pasado este incidente y recuperado de sus heridas, a éste se le adaptó una prótesis y fue licenciado, con el cargo de Cabo Segundo.

A raíz de este percance sus amigos lo siguieron llamando Patepalo, convirtiéndose en un personaje simpático y uno de los asiduos contertulios del bar Taurino de Neiva, lugar famoso, ubicado en el centro de la ciudad, frecuentado por personajes de las distintas actividades sociales.
García en la década del 80 del siglo pasado, creó junto con otros ‘Patos’ de Neiva, el Movimiento de Desempleados del Taurino y encabezó una lista al Concejo de Neiva, siendo elegido cabildante de la capital del Huila.

I- LA NOVENA BRIGADA

El Gobierno Nacional, el Ministerio de la Defensa Nacional y el Comando del Ejército, después de combatir con mucha decisión las repúblicas independientes de Marquetalia, Ríochiquito, el Pato y Guayabero, optó por definir una nueva estrategia militar para combatir a los grupos violentos de las Farc y el ELN. En consecuencia determinó conformar las Fuerzas de Tareas Conjuntas, para hacer más efectivas las operaciones ofensivas, aprovechando los recursos humanos, armamento, logística e inteligencia.

Años posteriores fueron creadas las Divisiones del Ejército, con cubrimiento en varias zonas territoriales, para que hubiera más autonomía y agilidad, simplificando los procedimientos de mando, para que las operaciones en contra de los grupos violentos, resultaran mucho más efectivas y su balance ha sido muy positivo.

En consecuencia, con jurisdicción en los territorios del Huila, sur del Chaqueta, suroccidente del Meta y los municipios de Inzá y Belalcázar del Cauca, el Comando del Ejército creó mediante Directiva Operacional N° 001, del 1º de abril de 1967 la Novena Fuerza de Tarea, desmembrándola de la Sexta Brigada con sede en Ibagué. Como primer Comandante fue designado el Coronel José Gonzalo Forero Delgadillo.

La Novena Fuerza de Tarea estaba integrada por el Batallón de Artillería No 6 Tenerife, el Batallón de Infantería No 16 Juanambú, el Batallón Colombia N°1 y el Batallón Cabal N° 9 Boyacá, más una Compañía del Batallón Vargas y el Batallón de Contraguerrillas con las Compañías Cobra, Leopardo y Puma, bajo el comando del pundonoroso militar, Coronel José Gonzalo Forero Delgadillo.

En el local que hoy ocupa la casa episcopal- casa del Obispo de Neiva- calle 8ª No 7- 64-, inició labores la Fuerza de Tarea Conjunta, el día primero de mayo de 1967 y el primero de junio de ese mismo año, con ocasión de la fiesta del Ejército, fue activada la Novena Brigada con sede en la capital del Huila, decisión tomada por la orden N° 008, emanada del Comando del Ejército el 22 de mayo, revalidada por el Ministerio de la Defensa Nacional, a cargo del General, Gerardo Ayerbe Chaux, a través de la Resolución N° 03113 del 30 de mayo de ese año.

El área de influencia de la Novena Brigada en el momento de creación tenía cobertura en la jurisdicción del Huila, la Intendencia del Caquetá, los municipios de Inzá y Páez en el Cauca, las regiones del Pato, Alto Guayabero, incluyendo la Uribe hasta el río Guapé en el departamento del Meta, para lo cual se dispuso de los Batallones de Infantería N° 16 Juanambú y N° 9 Tenerife.

La guarda del orden público motivó la instalación de guarniciones en diferentes lugares del Departamento, como el caso de Campoalegre, donde operó el Batallón Colombia, y el Grupo Cabal y en zonas rurales, geográficamente con influencia huilense, como la región de Ríochiquito Cauca y Balsillas con el Caquetá.

El 9 de octubre de 1990, el Comandante de la Novena Brigada, Coronel Luis Fernando Urbina, mediante Disposición N° 001, para efectos de mando, planeamiento y conducción de operaciones, Justicia Penal Militar y Dependencias Administrativas, modificó las jurisdicciones de las Unidades Tácticas de la Novena Brigada así: Batallón de Infantería N° 26 Cacique Pigoanza, le correspondió el área del centro del departamento del Huila. Al Batallón de Infantería N° 27 Magdalena, le fue asignada la zona sur del Huila, más la Bota caucana, desde el nacimiento del río Caquetá, hasta la desembocadura del río Fragua. Al Batallón de Artillería N° 6 Tenerife le correspondió la vigilancia del norte del Huila, al igual que en el departamento del Meta, a partir de la región del Alto de las Oseras, en la confluencia de Cundinamarca, Meta y el Huila, en línea recta en dirección sur, hasta encontrar el nacimiento del río Pananeme; por éste aguas abajo hasta la desembocadura del río Guaduas y por éste, aguas arriba hasta su nacimiento; de aquí en línea recta en dirección a la confluencia de los ríos Pato y Sonso, hasta el límite con el Caquetá, así como toda la región norte del río Sonso en éste último departamento.

Tanto la Novena Brigada como el Batallón Tenerife, han sido escuela de generales que han dado lustre a las armas de la República. Esta consideración y circunstancias de servicio, hicieron que a partir del 3 de enero 1979, el Comando de la Novena Brigada fuera confiado a generales.

Actualmente la Novena Brigada tiene jurisdicción en el Huila, con presencia en algunas zonas limítrofes con el Meta, Caquetá, Tolima y Cauca, bajo la Comandancia del Brigadier General, William Pérez Laiseca, para lo cual dispone de un efectivo componente militar, conformado por los Batallones Tenerife, Pigoanza, Alto Magdalena, Cacica Gaitana, Los Panches, el Comando Operativo N° 5, las Fuerzas Especiales Antiterroristas Urbanas y el Gaula.

Misión
La Novena Brigada a partir del 1° de enero del 2007, conduce operaciones militares de inteligencia, control de área activo, neutralización y de acción integral en el Departamento del Huila y Caquetá, respetando los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, para derrotar militarmente la amenaza y garantizar un ambiente de seguridad que permita el desarrollo político, económico y social de la región.

Visión
La Novena Brigada, se proyecta hacia el siglo XXI, como una unidad organizada, entrenada y capacitada para enfrentar y neutralizar con eficiencia y eficacia a los agentes generadores de violencia en su área de responsabilidad, con un recurso humano preparado, con mentalidad de líderes, integrados al quehacer la sociedad y sometidos a los parámetros constitucionales.

Estrategias
Se fundamenta en la integración de todos los medios para ejercer control sobre las áreas que le generan poder de combate al enemigo- antigua Zona de Distensión y Bases Áreas- y golpear su centro de gravedad estratégico, representado en sus finanzas.

Objetivos
Afianzar y fortalecer el bienestar; Emplear al máximo la inteligencia; Intensificar las operaciones nocturnas; Optimizar los recursos y Unir al Ejército con la población

Centro de Instrucción y Entrenamiento
Los problemas originados en materia de orden público, por la presencia de cuadrillas de guerrilleros en la zona limítrofe entre el Huila y el Cauca, llevó al Gobierno central y al Ejército Nacional, a crear un nuevo batallón en el Municipio de La Plata. Inicialmente se pensó en instalar allí el Batallón Pigoanza, para lo cual el Ejército adquirió en 1986 una amplia franja de terrenos con este propósito, pero finalmente el Ministerio de la Defensa Nacional y el Ejército optaron por establecer la Unidad Militar en el Municipio de Garzón.

Mientras tanto, las autoridades militares determinaron instalar en los terrenos adquiridos en La Plata una base de patrullaje, para el cubrimiento del Occidente del Huila y la zona colindante con el departamento del Cauca, especialmente para atender la carretera La Plata- Popayán.

Posteriormente en el 2002 el Mando Militar determinó utilizar estos terrenos para montar allí un Centro de Instrucción y Entrenamiento Militar, para que sirviera de instrucción y entrenamiento de los soldados pertenecientes a las unidades orgánicas de la Novena Brigada, procediendo a efectuar las adaptaciones y las nuevas construcciones que permitieran desarrollar la misión encomendada.

Las instalaciones están ubicadas a dos kilómetros de la población, en la vía que conduce al municipio caucano de Inzá y dispone de excelente infraestructura para las los ejercicios de polígono, pistas, alojamientos y áreas de instrucción, apropiadas para la capacitación del personal militar en las técnicas y tácticas de la guerra, y algo muy particular en el Ejército colombiano; la aplicación de las normas básicas del Derecho Internacional para Conflictos Armados (DICA), instrumento que sirve para la protección de la población civil, la salvaguarda del patrimonio de los huilenses y el respecto por la vida y dignidad del enemigo vencido.

Construcción Casas Fiscales
A los pocos años de crearse la Novena Brigada en la capital del Huila, se asignaron los dineros para la ejecución de un programa habitacional, denominadas Casas Fiscales, para darle alojamiento temporal a los oficiales de alto rango y a los suboficiales. Así fue como en la década del 70 del siglo pasado se construyeron dentro de las instalaciones de la Brigada, cerca de medio centenar de Casas Fiscales.
Posteriormente en 1993, siendo Comandante de la Novena Brigada, el entonces Coronel Fernando Millán Pérez, gestionó los recursos con el apoyo de las instituciones del Estado y la empresa privada, para construir un plan de vivienda, en un lote contiguo a las instalaciones militares y de la planta del acueducto El Jardín y allí se dio inicio a los trabajos para el levantamiento de 20 soluciones habitacionales, llamadas también Casas Fiscales, para beneficiar al personal de suboficiales de la Novena Brigada.
El plan de vivienda fue terminado al año siguiente, por el entonces Coronel Francisco René Pedraza P., el cual fue inaugurado con el nombre del Capitán Jairo Enrique Vera Yañes, en homenaje al destacado oficial, quien murió en una emboscada perpetrada por los narcoguerrilleros de las Farc en el municipio de Algeciras. Vera Yañez fue condecorado en dos oportunidades, por sus intrépidas y constantes acciones adelantadas contra los grupos violentos en esta región del país.

De otro lado en 1998, el entonces Coronel Carlos Alberto Fracica Naranjo, Comandante de la Novena Brigada, también promovió la construcción de un plan de vivienda en la ciudad de Garzón, en el que se levantaron 10 Casas Fiscales, para beneficiar a los suboficiales del Batallón Pigoanza.

Emisora Colombia Estéreo
En el 2002, se fundó en Neiva la emisora Colombia Estéreo 99.7, por gestiones adelantadas por el entonces Comandante de la Novena Brigada, Brigadier General, Gilberto Rocha Ayala. La estación sonora fue montada por los técnicos del Ejército, los Sargentos Primeros Rada y Ucroz, con la ayuda de los soldados profesionales Salamanca y Martínez. Los dineros para la compra de los equipos y su instalación fueron apropiados por la empresa privada y la institución armada.

La emisora, con sede en la ciudad de Neiva, cuenta con 5 kilovatios de potencia y tiene una cobertura en el Huila, así como en los departamentos del Caquetá, Meta, Tolima, Cauca y Putumayo. Los transmisores fueron instalados en Cerro Neiva, lo que le permite una amplia cobertura, mientras que los estudios están localizados en las propias instalaciones de la Novena Brigada.

La estación radial viene prestando un importante servicio social e institucional, llevando el mensaje de paz a toda la comunidad, así como también a los soldados, policías, a los ciudadanos en general e incluso, a los terroristas que se han equivocado en su misión en la vida, para que regresen a los cauces de la democracia y la legalidad, ya que las personas que deambulan por los senderos de la ilegalidad, siempre serán derrotados por las fuerzas del Estado.
De esta manera se pretende adelantar con esta campaña, a través de la Cadena Radial Colombia Estéreo, campañas de tipo sicológico a la población civil, al enemigo y a las propias tropas, objetivo propuesto por el Comando General del Ejército Nacional, para liberar a los colombianos de las fuerzas terroristas. Es de anotar que la primera emisora del Ejército se fundó en 1954, en el Gobierno del General, Gustavo Rojas Pinilla.
De otro lado en 1997 el Ministerio de Comunicaciones, expidió la Resolución N° 01944, por medio de la cual asignó al Ejército de Colombia, frecuencias regionales, por el sistema de FM y AM. Al año siguiente el Ejército inició las gestiones para la obtención de los equipos, para el montaje de las primeras emisoras.

En 1999 entró a operar como tal la Cadena Radial Colombia Estéreo del Ejército, con su emisora matriz en la ciudad de Bogotá y nueve más por los sistemas FM y AM en otras regiones del país. En el 2000 la Cadena ya contaba con 22 emisoras, cuyo cubrimiento alcanzaba el 50 por ciento del territorio nacional y por consiguiente se convirtió en la Cadena Radial del Ejército Colombiano.
Actualmente la organización radial, cuenta con 42 estaciones radiales en todo el país, especialmente en zonas inhóspitas, para llevar el mensaje de paz a todos los colombianos:

Emisora Granada, la Macarena y Araracuara en el Meta; Quibdó en el Chocó; Bucaramanga, Barrancabermeja y San Vicente de Chucurí en Santander; El Bagre, los Andes, Segovia, Puerto Berrío, Carepa y Urrao en Antioquia; Popayán en el Cauca; Florencia, Tres Esquinas, San Vicente del Caguán y Cartagena del Chairá en el Caquetá; Saravena, Tame y Arauca en Arauca; Duitama en Boyacá, Maicao en la Guajira, Palmira en el Valle, Neiva en el Huila, Montería en Córdoba, Mocoa en el Putumayo; Alternativa y Bogotá en la capital de la República; Sumapaz y Tolemaida en Cundinamarca; Yopal en el Casanare; Guaviare, Miraflores, Peñas Coloradas y Calamar en el Guaviare; Tibú en Norte de Santander, Pensilvania en Caldas, Planadas en el Tolima, Sierra Nevada en el Magdalena, Ipiales en Nariño y El Retorno en el Vaupés.

La Acción Social del Ejército en el Huila
El Centro de la Acción Social del Ejército- seccional Neiva, es una Fundación sin ánimo de lucro, apolítico, autónomo e independiente. Está integrada por esposas de oficiales del Ejército o en uso de buen retiro, creada el 5 de marzo de 1966, mediante el artículo 7º del Decreto Nacional No. 427 y reconocida mediante Personería Jurídica No. 0334, expedida el 31 de julio de 1974, por la Gobernación del Huila.

Su razón de ser, es el trabajo voluntario con sentido humano; el servicio como norma regidora de todos los proyectos, programas y actividades. Su misión, es elevar el nivel socioeconómico familiar del personal del Ejército en actividad, con pensión, sueldo de retiro o de sus beneficiarios.

Sus recursos están destinados a establecer, dirigir, y financiar obras de servicio social, protección y organización familiar. Su visión, es llegar al cubrimiento total de esta población objetivo, a través de los diferentes servicios que presta la Acción Social.
A la primera asamblea de socias celebrada el 26 de febrero de 1974, asistió un grupo de señoras, quienes eligieron la Junta Directiva, la cual quedó integrada así: Presidenta, Ruby E. de Vega Uribe; Vicepresidenta, Teresa de Rojas; segunda Vicepresidenta, Mary Luz de Calderón; Tesorera, Gladys de Amaya; Revisor Fiscal, Teniente Coronel, Enrique Amaya Castro; relaciones públicas, María Cristina de Echeverri, Melba de Ramón y Martha Claudia de Urbina, y Secretaria, Aida G. de Valbuena.
Es de anotar que actual junta directiva está integrada de la siguiente forma: Presidenta Honoraria, Carmen Alicia de Pérez; Presidenta, Sandra Yaneth Granobles de Hernández; Vicepresidenta, Karol Barrera de Hermida; Tesorera, Nelly Blanco de Gómez; Secretaria, Sandra María Hernández de Vargas; Voc



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